Cynthia Ramírez

Licenciada en Enfermería y obstetricia
Mujer mexicana, madre y esposa. Lic. En enfermería y obstetricia, especialista perinatal, Diplomada en Administración de Hospitales, en docencia/UNAM, en TIC aplicado en la educación/UNAM, asesor en línea/CUAED-UNAM y en recursos digitales para universitarios/DGTI UNAM.

Actualmente trabaja como docente en enfermería médico quirúrgica e instrumentación, es miembro del comité de salud materna del Estado de México.

¿Quieres saber más de su historia?

Vengo de una familia de clase media, de unos padres que hace algunos años solía definir en mi espacio “terapéutico” de psicoanálisis como niños educando niños, sin mucha estructura y hasta un poco hippies en mi opinión.

Con mi papá nunca había una “exigencia clara” desde mi percepción de niña, para así poder darle “resultados” y sentir si iba bien o mal, eso fue duro, difícil y angustiante. Ahora de adulta ese hecho me ha dado total libertad de hacer lo que quiera sin límites.

Nací y crecí en la CDMX.

Después de haber terminado de estudiar la carrera, me tardé 3 años en presentar mi examen profesional para obtener el título como Licenciada en Psicología. Lo logré matriculándome en un diplomado en negocios como medio de titulación donde aproveché para aprender más de ese mundo además de la psicología, mi tesis fue sobre una clínica con intervención multidisciplinaria para atender obesidad y sobre peso. No fue nada fácil pues yo no tenía nada de estudios en mercadotecnia, contabilidad, finanzas entre otros temas y me las vi duras, tuve que pedirle a un maestro que en sus ratos libres podía enseñarme algunas cosas porque yo no entendía nada, poco a poco le perdí el miedo a pensar de otra forma y eso me abrió un mundo de posibilidades. Mi abuela solía decir “querer es poder”.

Me pagué la carrera trabajando como edecán en promociones, trabajando de extra en comerciales y películas donde llegué a agotarme en exceso por trabajar de noche o estar parada mil horas en tacones, ofreciendo productos que no tenían nada que ver con lo que mi corazón realmente quería. En el fondo no me sentía útil para la sociedad, pues yo quería dedicarme a la salud. Contaba las horas para salir a hacer mi tarea y leer lo que me tocara de la carrera.

Más adelante buscando tener “estabilidad en mis horarios” y fechas puntuales de liquidez en vez de tanto atraso en los pagos de los eventos que había trabajado, decidí emplearme como mesera en un restaurante donde la especialidad eran las carnes, yo para esa época ya era vegetariana, mis conocidos y gente de trabajo me bulleaba con comentarios como – Tú comes la comida de la comida- con el paso del tiempo dejó de importarme, pues me interesaba el por qué era sano para mi alimentarme diferente.

Vivía compartiendo un mini departamento con 2 chicas más, mi recámara era miniatura pero no importaba, pues allí solamente estaba para pasar la noche, bañarme, comer y estudiar a ratos, casi todo el día estaba en el trabajo o en la universidad.

También daba clases de inglés en los strabucks a clientes que surgían del restaurante donde trabajaba.

Recuerdo que una vez no juntaba el dinero para los 4 camiones que tomaba de ida y vuelta de la universidad a mi casa, por supuesto que mi orgullo de haberme ido de la casa de mis padres me impedía pensar que yo no iba a regresar a pedir ayuda o “derrotada”, entonces buscaba opciones como ir en bicicleta 12km, pedir ride de regreso a algún compañero que tuviera auto o pedir dinero prestado.

Se me cayó el sueño y me di cuenta de la cruda realidad:
Cuando estaba por terminar la carrera e iba a las entrevistas de trabajo para algún puesto como asistente, o en algo que tuviera que ver con recursos humanos, nunca me seleccionaban, a veces yo misma me saboteaba llegando tarde, aunque muy arreglada me presentaba, se me notaba la inseguridad de realmente desear ese trabajo, pues muy en el fondo era lo último que quería. Amo profundamente mi libertad y mi tiempo. Sentía un profundo miedo a volverme dependiente de un trabajo que no me gustara y después no saber cómo regresar a ser dueña de mi independencia.

Hice mi servicio social en una clínica de trastornos de conducta alimentaria y allí me caché en todas como una “enferma más de la comida o la relación con su cuerpo”, me atendí con psicoanalistas y eso cambió mi vida de manera profunda, después tomé un cargo como psicóloga de un área que tenía que ver con la “conciencia de la auto imagen”

Crecí viendo a mi mamá haciendo diferentes dietas, había una que recuerdo donde comía mucha con toronja, otra donde comía vino y queso todo el día, ella siempre ha sido cuidadosa con su belleza.
Cuando éramos bebés mi hermano y yo, cuenta mi papá que mi mamá nos hacía unos batidos muy raros que incluían plátano, frijoles, leche, huevo, fruta, avena y muchas cosas más mezcladas en la mamila, pensando en que estuviéramos bien nutridos ahora pienso ¿y la ¿trofología? jajaja

De niña me dolían los huesos en las mañanas frías, recuerdo una mañana que estaba en el patio de la escuela con los demás niños y yo que no podía estar mucho tiempo de pie porque realmente sufría del dolor, además ya me daba pena quejarme con las maestras porque pensaba que no me creerían, eran reumas infantiles digo yo.

Con tanto cambio de escuela porque no había dinero en la casa debido a la crisis del 94 con la devaluación del peso, recuerdo que todo el tiempo me dolía la panza, me llevaban a hacer muchos análisis para saber que tenía.
Mi mamá me daba un té en ayunas con sabor amargo, parecían pequeños gusanos las semillas o plantitas de lo que estaba preparado. Me gustaba que no fueran medicinas lo que me daba y creo lo que más sanaba era su amor.

También recuerdo que se me llenaban las piernas de ronchas porque era una reacción alérgica o de intoxicación por comer salchicha.

Como puedes leer MI ALIMENTACIÓN NO SIEMPRE HA SIDO SANA, CORRECTA O BALANCEADA.

Recuerdo que mi hermano y yo cenábamos en un vaso de “Batman” de un litro de leche con chocolate y azúcar cada quien, este iba acompañado de un bolillo o pan dulce, mi favorito era el del papelito rojo, pan rojito le decía yo con cariño. Por supuesto que esa cena nos daba tantísima energía que no nos podíamos dormir y estábamos molestando a mi mamá hasta tarde, entonces nos regañaba más fuerte.

Mi papá trabajaba de noche y regresaba en la madrugada, a veces era tanta la energía que nos daba hasta que él llegaba. Me imagino que ellos no tenían idea de que tanto azúcar tenía esa reacción en nosotros.

Por ahí de los 13 años me sentía gordita, con poca cintura y aunque en realidad no fuera mucho, o eso no fuera cierto recuerdo que tomé jugo bonafina todo el día y no comí nada, pensaba que eso me adelgazaría, años después aprendí que sería todo lo contrario pues el azúcar de la bebida me causaría peores consecuencias sin comida.

De niños y en la adolescencia comíamos sopas rápidas, frijoles y atún de lata, refrescos tamaño familiar, salchichas, jamón, panes y galletas de muchas, patés untables hechos de cerdo, yogurt para niños, jugos embotellados en pequeñas cajitas ,cereales para niños llenos de azúcar, mucho huevo, queso, leche, gelatinas llenas de azúcar y colorantes entre otros muchos productos. Además de verduras y fruta afortunadamente. También de vez en cuando por barato y rápido mi mamá nos llevaba de vez en cuando a McDonald’s.
Cuando tenía 15 años recuerdo que salía con amigos y amigas más grandes que yo, les gustaban las motos e íbamos a los tacos al pastor, yo me la pasaba muy mal, pues ya tenía una gastroenteritis horrible para entonces, que con solo darle un bocado a algo sentía nauseas y ya no podía comer más. Mis amigos me decían que tomara un yakult para “recubrir la panza, cosa que con tal cantidad de azúcar me causaba el doble de inflamación y malestar. Me seguía sintiendo fuera de lugar como cuando era niña en la escuela, sin poder disfrutar como lo hacían los demás, me sentía rara, no entendía los mensajes de mi cuerpo y me hacían bullyng por ser delicada de alguna forma.

Siempre tenía eructos y gases, la barriga inflamada y un cansancio que pensaba que era normal. Por supuesto que en días de periodo me la pasaba tirada con dolor.
A los 16 era la chica light, pensaba que eso era sano y que además me ayudaría a no subir de peso. Ya hacía ejercicio y seguía dietas de gimnasio llenas de proteína con polvos raros.
Después encontré por casualidad y buena suerte en casa de mis papás libros sobre higienismo, naturismo y otros, que me dieron la respuesta, “yo no sabía cómo cuidar mi cuerpo”.

A los 19 me topé con el Ayurveda (medicina de India) por suerte me había tocado cubrir un evento como hostess y allí vi unos trípticos con la información de un curso, que a la semana siguiente me inscribí.
Recuerdo hacerme un preparado de hierbas para desparasitarme que me había recomendado el doctor Ayurveda y que mi mamá pensaba que estaba haciendo algo abortivo, que además eso era una religión que me alejaba del catolicismo, pues casi siempre estuve en escuela de monjas. Esa historia ahora me da risa, pero de por sí ya me sentía rara y fuera de lugar en muchos lados y con eso mas. Creo que entonces sin saberlo decidí asumirme “diferente” o rara si eso iba a darme salud, ya no me importaba. Realmente estaba dispuesta a hacer lo que fuera pos sentirme bien.
Saliendo de la carrera me gustó seguir entrenándome en alimentación, así que me matriculé en un diplomado de Medicina en Bariatría en donde no me hizo mucho sentido la intervención con medicamentos pues ya me había hecho click LA PREVENCIÓN y cuidado del equilibrio que había aprendido en Ayurveda aunque todavía no lo aplicaba en personas.

Di consultas con dietas para bajar de peso en ese entonces, pero se estancaban aunque contaran bien sus calorías y porciones, me di cuenta que eso no es llevadero y se convierte en obsesivo hasta que encontré la Trofología que era mucho más fácil de realizar, libre de contar calorías y que además en cualquier mercado o súper hay verduras, frutas y semillas.
Tuve varios intentos de negocios antes:
El primero fue a los 17 años con un novio que más que mío era de él, se trataba de casinos fantasía, nosotros nos habíamos conocido en un evento de esos trabajando para otra empresa como animadores.
Más grande puse con una amiga que estudiaba medicina una mini clínica de atención a personas con obesidad de forma multidisciplinaria, fue en la misma época que estaba intentando hacer mi tesis de titulación. Aprendimos muchísimo, pero nos dimos cuenta que había más caminos.

A los veinti y algo puse una cafetería con desayunos, ahí me robaron todo lo que se podía pues estaba adentro de un complejo de edificios “nice” en una zona de clase alta de la CDMX, los supuestos guardias de seguridad se las gastaban a sus anchas en los turnos de la noche. Recuerdo el cansancio extremo que tenía, me partía en mil partes para hacer mis consultas, los cursos de capacitación que daba para pequeñas empresas en temas de auto cuidado, además de atender ese negocio que después de un año y medio me di cuenta que no era algo que me hiciera feliz, me había acabado la suspensión del carrito que tenía en esa época, siempre estaba desvelada pues abríamos 6 a.m., entonces había que levantarse a las 4 a.m. mínimo, porque al lado había un gym en el que también coordinaba junto con un amigo a los profesores de piso, natación o spinning, él y yo habíamos emprendido un outsourcing de profesores deportivos con licencia de capacitación como entrenadores certificados avalada por la AFDF para dar servicio en varios conjuntos de edificios de la zona que tuvieran gimnasio.
Recuerdo bien el día que regresé a mi casa de madrugada, estaba tan cansada que me puse a llorar en la puerta del edificio en el que vivía, estaba sola, sin fuerzas y además había que subir muchas cosas, me di cuenta que eso no tenía nada que ver con ser saludable.
La búsqueda seguía, quería entrarle a la salud, pero no era nada congruente pues no tenía tiempo para mí y aunque el negocio era de comida no tenía un método de planeación ni metas claras en muchos aspectos. En ese entonces todavía no sabía de la Trofología.

La idea de la cafetería al lado del gym, adentro de los conjuntos de edificios era poder atender a las personas que querían cuidarse, hacer ejercicio y que una persona que sabía de dietas les preparara un menú dirigido para estar en forma y esa era yo, pero no me hacía sentido ni poquito feliz.
Me aferré todo lo que pude pues mi abuela y mi mamá tienen una frase“ si te vas a echar un pedo, échatelo pero bien, ¡hagas lo que hagas hazlo bien!
Todos los que nos dedicamos a la salud casi siempre tenemos de forma consciente o inconsciente hay alguien a quien queremos ayudar, curar o aliviar.

Mi abuela materna era muy hipocondriaca, buscaba la forma de hablar de sus achaques era su forma de tener la atención y cariño de la familia, estaba divorciada y vivía sola con una persona que le ayudaba en todas las cosas de la casa.
Años después descubría que mi interés por desarrollar recursos para ofrecer opciones de bienestar y salud era porque me hubiera gustado poder ayudarle.
Desarrollé habilidades en ser mas resolutiva y quejarme menos, en tener más acción y hacer menos drama.
Me volví recursiva y práctica.
Descubrí que nací para brindar herramientas que hagan que las personas conecten con su más profundo deseo de ser feliz, de vivir experiencias de gozo, alegría y salud, de recordar que merecemos lo mejor de la vida y que vinimos a vivir en salud y plenitud.

Me volví una buscadora de respuestas, de experiencias “ de crecimiento”.
He invertido mucho tiempo y dinero en libros, terapias, cursos, viajes, talleres, ceremonias de sanación o retiros de meditación, creciendo exponencialmente y conociendo muchos expertos y maestros en la salud natural integral.
Actualmente vivo feliz con mis dos gatos en una tiny house o mejor dicho en una casa de 45 metros cuadrados en medio de una aldea del bosque de niebla de Veracruz, rodeada de pájaros, árboles, un río precioso y mucha magia, a veces con dificultad en la señal de internet y lo curiosos es que trabajo a distancia usando la web.

Me gusta inspirar que uno se puede salir “del huacal”, pensar afuera de “la caja” o como dicen “hacerse fuera de la bacinica”, es decir hacer las cosas de otra forma sobre todo en el tema de la salud y la alimentación, cosa maravillosa que me inspiró mucho un maestro querido de Trofología.
Me gusta pensar que hay muchos caminos, pero el que es el tuyo es el tuyo y no se parece al de ninguno, que nadie más lo puede vivir por ti.
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